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“Experimenté pérdida significativa de cabello entre los veinte y treinta años de edad (¡de hecho empezó a los 15!).
Fue un proceso lento y progresivo y supuse que ser calvo sería mi destino final…igual que mi papá. Pensé que la mejor solución seria un tupé y por fin sentí necesitar otra solución donde no podría ser “descubierto”. Después de decidirme por el transplante de cabello, la pérdida de cabello ya no es algo en lo que pienso. Mi solución final es permanente. Ahora existe una tremenda diferencia en mi persona física y emocionalmente. Estoy integro ahora.”
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